Esta gente, que desinteresadamente y sin segundas intenciones deciden dedicar parte de su tiempo en dar a otros, comenzaron a ocupar lugares importantes dentro del hogar, a convertirse en la ayuda que estábamos esperando. Están ahí, silenciosos, como no dándole valor a su gran tarea y cuando uno necesita no tiene más que estirar los brazos y los encuentra.
Pueden estar para ayuda escolar y de pronto uno escucha a las jóvenes que preguntan por ellos para realizar sus tareas o para rendir sus pruebas, pueden estar para los talleres y uno percibe la espera de la hora en que llegan para poder desarrollar sus aptitudes y poco a poco van ocupando lugares importantes tanto para las jóvenes como para las autoridades. Y comienzan las preguntas: hoy hay taller de costura? Hoy hay taller de cocina? Hoy viene la maestra de apoyo? A qué hora viene la profesora de arte? Y esto continúa.
Así me di cuenta del valor de estas personas y más que valor, el amor que sienten hacia el otro y sobre todo, la capacidad de dar. La calidez en el trato con las chicas y su compromiso constante hacen que se conviertan en personas imprescindibles para ellas, convirtiéndose también en importantes referentes afectivos. Y también entendí que el trabajo de quienes los capacitan y acompañan en esto de ser voluntarios, hace la diferencia.
Desde la Dirección, el equipo Técnico y todos los que trabajamos en la institución, estamos muy agradecidos por todo lo recibido y lo que diariamente nos ofrecen.
