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El voluntariado es una moda imperecedera que me gusta definir como la capacidad humana instalada en función de las necesidades de otr@s. El dejarse llevar por el otr@ y hasta donde el otr@ quiera llegar.

Ser voluntario es un poco una foto que muestra una realidad recibiendo mucho más de ella, que transciende el tiempo pues el tiempo lo cede a otro, que comprende la realidad ajena, porque la hace propia. Todas las realidades son construcciones, pero hay una realidad indiscutible: la de la identidad, la de cómo miramos al otro, la de cómo identificamos a los otros, la de cómo contemplamos al otro y le damos existencia en nosotros.

Definir al/la voluntari@ sería caer en un sin-fin de respuestas academicistas lejanas a la realidad, hablar del rol de voluntario sería redundar sobre lo hecho y lo desecho; en el ser voluntari@s prima el hacer, el deber ser, la empatía, el don de gente, la mirada estática puesta en movimiento para el otro y por el otro, donde va la acción cargada de voluntad y solidaridad. El voluntario comprende, humaniza y se humaniza, se dedica y colabora, se brinda, aprende y crece, se engrandece mental y espiritualmente.

Ser voluntario no se parece a la vida: es vida. Y al ser vida, es algo definitivo, es la génesis de algo, de una parte, de un todo que, indudablemente, está cambiando.

Asociación Civil Gestión Educativa Y Social
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